Sin título, pero a la expectativa

“Contagiar metáfora, contagiar humanidad en potencia”.

Hoy se conmemora el Día del escritor/escritora misionero/a (a través de la Ley Nº 172 Art. 1 del año 2014) que se instituyó un 13 de junio en homenaje a Juan Enrique Acuña (escritor, titiritero y gestor cultural y quien junto a Manuel Antonio Ramírez y Cesar Felip Arbó publicaron triángulo, obra poética emblemática para la literatura misionera).

La palabra escrita –hasta el momento concebida como tal- abre mundos pretenciosamente posibles y ansiosamente imposibles. Y con ello habilita la metáfora, como un ancla que sostiene un horizonte hacia el infinito en su condición más cosmogónica. La tarea es develar lo posible o admisible en ficción.

 

Ahora bien, nos permitimos este hiato en la cotidianeidad del distanciamiento para hablar dos segundos sobre la literatura.  Primero, como un espacio que acarrea firmas de aquellos que marcaron una línea en el tiempo con tropiezos y bifurcaciones. Con nombres personales que comprobaron en su escritura la posibilidad de la metáfora y sus efectos en las relaciones poco simétricas con el acto de nombrar la cosa.

Y segundo, como la que alberga la tarea artesanal de manosear la pieza (pieza/texto) en bruto, tallarla, creando frente a la nada el eterno intento, condenado intento, de  imitar cierta magia con las palabras.

 

Tenemos la suerte de pensar –primero- a través de mecanismos lógicos que nos empujan hacia el ámbito de la razón,  pero además tenemos más suerte de suponer con la imaginación y en ese vaivén y en esa tensión decidir las formas de encarar las experiencias vitales sin tanto determinismo. Sospechamos, suponemos, nos motivamos por el futuro y lo que vendrá. Para nosotras ese es el desafío cuadrangular del libro. No hay firma sin la negociación previa por la imaginación compartida, por eso sostenemos la necesidad de mantener los espacios de producción, difusión y mediación de la literatura, en todos los tamaños y placeres. La entrada al mundo de la ficción se habilita a través de cualquier hendija. 

La tradición nos marca un estado de frontera aprovechable, sin tanto centro ni tanta periferia y que, por lo menos, hace el intento de develar el registro de una narración de los espacios. La palabra debe sacudirnos, inquietarnos, porque nos coloca en el límite de lo concebido y en posición de guardia hacia la incertidumbre. Palabra y escribiente son formas de entender la literatura más allá de los modelos y las recalcitrantes maneras de nombrarlos.

Preguntarnos hoy por el/la escritor/a no suena pertinente ni menos relevante, pero si podemos charlar mano a mano sobre la imaginación y los espacios ilimitados que ella nos ofrece. Hablar de lector a lector (en algunos casos ese lector “accidentalmente” resulta ser autor/a). Y como mortales vehículos de una gran variedad de pensamientos tenemos la oportunidad de contagiar otros mundos. Contagiemos eso: la posibilidad de imaginar más allá del entorno o la cadencia de la tragedia global. Contagiar metáfora, contagiar humanidad en potencia.

Por. Natalia Aldana

Licenciada en Letras

Redacción – Extensión BPM

 

 

 

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